- Se cobra en dos partes: una instalación, una vez, y una cuota mensual mientras el sistema esté funcionando.
- La cuota no es «mantenimiento»: es lo que paga las herramientas, el modelo de IA y tu disponibilidad. Con margen.
- Los dos errores que hunden el negocio: instalación cara con cuota simbólica, y no repercutir los costes que crecen con el uso.
- El precio se defiende con una cifra del propio negocio: lo que cuesta cada llamada o mensaje que hoy se pierde.
Has visto que un negocio puede tener un asistente que contesta el WhatsApp, reserva citas y avisa al dueño. Sabes montarlo, o estás a punto de saber. Y llega la pregunta que nadie contesta en los vídeos: ¿cuánto se cobra por esto?
No hay un número. Hay una forma de construirlo. Esto es la forma.
Por qué se cobra en dos partes
Un asistente de WhatsApp no es una web que entregas y te vas. Es un sistema que está encendido: cada mensaje pasa por un automatizador, cada respuesta consume un modelo de IA, cada conversación se la cobra Meta al negocio. Y cuando algo cambia —un precio, un horario, un servicio nuevo— alguien tiene que tocarlo.
Por eso el precio tiene dos piezas que responden a dos cosas distintas:
- La instalación paga el trabajo de montarlo: la reunión donde sacas los datos del negocio, la hoja de conocimiento, la conexión con Meta, las pruebas delante del dueño y la formación. Se cobra una vez.
- La cuota mensual paga que siga funcionando: las herramientas, el consumo, las revisiones y que tú contestes cuando el dueño llama porque algo se ve raro. Se cobra mientras esté encendido.
Este modelo vive de la cuota. La instalación te paga el mes; la cuota te paga el año. Un instalador con doce negocios pagando cuota tiene un negocio. Uno con doce instalaciones cobradas y cuota simbólica tiene doce clientes que le llaman cuando algo falla y una cuota que no cubre ni las herramientas.
Qué tiene que cubrir la cuota
Antes de poner una cifra, suma lo que te cuesta cada negocio al mes. Es más de lo que parece:
| Coste | Cómo se comporta |
|---|---|
| El automatizador (n8n) | Fijo. Unos 20-24 € al mes en su nube, y una cuenta sirve para varios clientes: se reparte |
| El modelo de IA | Por uso. Cuantos más mensajes, más cuesta. Es el coste que crece con el éxito del cliente |
| Las conversaciones de WhatsApp | Meta se las cobra al negocio por conversación. Conviene que el negocio lo pague directo y lo sepa |
| Tu tiempo | Revisar ejecuciones fallidas, actualizar la hoja cuando cambian precios, contestar al dueño. Media hora al mes en un negocio tranquilo; más en uno con volumen |
Con eso delante, la cuota tiene que ser ese total con margen. En el rango en el que se mueve este servicio, una cuota mensual por sistema va de 60 a 250 euros según el sistema y el volumen de mensajes. Por debajo de eso, revisa la suma: probablemente estás pagando tú las herramientas del cliente.
Los dos errores que se ven una y otra vez
1. Instalación cara, cuota «para que entren»
Suena razonable: cobras fuerte al principio y pones una cuota baja para que nadie se eche atrás. A los seis meses tienes una cartera de negocios que te escriben cuando algo falla y una cuota que no paga ni el automatizador. Y no puedes subirla sin una conversación incómoda con cada uno.
2. No repercutir lo que crece
El modelo de IA cobra por uso. Las conversaciones de WhatsApp también. Si la cuota es fija y no los incluye con margen, el mejor cliente que tienes —el que recibe cien mensajes al día porque el sistema le funciona— es el que más te cuesta. Estás pagando por su éxito.
Cuota por tramos de volumen, o cuota base más el consumo real de IA repercutido a coste. Las dos funcionan. Lo que no funciona es una cifra fija decidida antes de saber cuántos mensajes recibe el negocio.
Cómo se defiende el precio delante del dueño
El dueño de una clínica no compra «un chatbot». Compra no perder la cita de las dos de la tarde, cuando está con un paciente y suena el WhatsApp. Así que el precio no se defiende con lo que cuesta montarlo: se defiende con lo que hoy se le escapa.
La cuenta se hace con él, en la reunión, con sus números:
- ¿Cuántos mensajes y llamadas entran a la semana fuera de horario o mientras estáis atendiendo?
- ¿Cuántos de esos se contestan al día siguiente, o no se contestan?
- ¿Qué vale una cita media en este negocio?
Tres preguntas, tres cifras suyas, y la cuota mensual se compara con eso y no con «lo que cobran otros». Cuando el propio dueño ha dicho en voz alta cuánto vale una cita, el precio deja de ser una opinión.
Lo que se cobra no es el sistema. Es la cita que antes se perdía y ahora se reserva sola. El sistema es solo la forma de hacerlo.
Lo que va por escrito
Instalación y cuota, en un contrato de servicio de una página que diga qué incluye la cuota, qué no (cambios grandes se presupuestan aparte), cómo se deja (avisando con un mes, sin penalización) y de quién es cada cosa (el número, la cuenta de Meta y los datos son del negocio). Y el documento de encargo de tratamiento de datos, que el RGPD exige cuando un tercero maneja los datos de los clientes de un negocio.
Sin eso por escrito, la primera vez que el dueño pida «una cosa pequeña» que son cuatro horas, no vas a tener con qué contestarle.
Un número para arrancar
Si necesitas una cifra para la primera propuesta y no la tienes, hazlo al revés: decide cuánto quieres facturar al mes, divide por lo que vas a cobrar de cuota, y eso son los clientes que necesitas. De ahí salen las reuniones que necesitas, y de ahí los negocios que tienes que contactar cada semana.
Ese último número es el trabajo real. Casi nadie fracasa en el montaje; se fracasa en no hacer las llamadas.
Las seis fases en orden: la oferta con precio de instalación y cuota, la visita al mostrador, la demo de tres minutos, el guion de venta, el contrato y el montaje. 103 páginas, pago único, y el kit con los sistemas ya montados si lo quieres después.
Ver el Método Instalador de IA →